3 poemas del mes

                             (JULIO, 2017)





        HOY MISMO

 

Cuando miras al sol una mañana

y asumes todo lo que el sol promete,

tu vida ya no tiene otro destino

que dejarse alumbrar desde tan alto.

Tus recuerdos, tu música aprendida,

tus ganas de saltar el horizonte

se quedan suspendidos

bajo la luz de un día

que te ha comprometido por entero.

 

¿Qué buscas más allá si aquí está todo?

¿Qué proyectos, qué afanes

te cargan con su peso, te revientan

y te impiden erguirte para mirar el cielo,

para acercarte al árbol prodigioso

de estas ciruelas rojas,

y acariciar la piel

y agarrarte del cuerpo de este fruto

que es ya el único fruto verdadero?

 

¡Cómo pesa el recuerdo dolorido

en la memoria leve de un hombre que está hecho

para arder totalmente esta mañana!

 

¡Cómo pesa el futuro imaginado,

cómo pesan los sueños,

cuando la realidad es tan hermosa

y te quiere desnudo en cuerpo y alma!

                                                       

                                              (De El paisaje total, 2014)

 

                            ***

 

 

                   DEFINICIÓN

 

Tú eres quien me define:

por eso corro el riesgo

de quedarme algún día indefinido.

 

Uno nunca es quien es: aquel que nace

y que, pues nada tiene, todo habrá de buscarlo,

será aquello que busca. Si lo encuentra,

como yo te he encontrado y te he elegido,

llegará a ser un hombre. Si lo pierde,

que todo puede ser, pues nada es suyo;

si lo pierde, se habrá perdido él,

no será nadie.

 

(De Este amor y este fuego, 2011)

 

 

                        ***

 

TEORÍA Y PRÁCTICA DEL CONDICIONAL SIMPLE      

 

Dijo que llamaría.

Sentí que su perfume inundaría mi casa

al coger el teléfono.

Lo dijo con certeza, como si ya sus ojos

vieran el otro mundo abrirse de repente,

como si sus palabras fueran abriendo mares

en medio del desierto,

mares de aguas tranquilas donde reposaríamos

de tantos imprevistos y amenazas:

mares donde el ocaso transcurriese tan lento

que fuese confundiendo la tarde con la noche,

la tarde con la noche soñada desde siempre,

hasta que se apagaran al fin todas las luces

de este día tan largo que he vivido hasta ahora.

 

Dijo que llamaría

y en mi casa se hicieron más cortos los minutos;

dijo que llamaría, con tal fuerza,

que esa sola palabra (llamaría)

no sólo era un futuro muy probable,

sino que era la imagen perfecta de su cuerpo

y --más aún-- su carne, que yo estaba tocando

con sólo esa palabra: llamaría.

 

Pero se han apagado las llamas del futuro prometido

y esas llamas han hecho cada vez más borrosa

la imagen esperada:

y esa sola palabra, llamaría,

se perdió poco a poco entre las nubes

que inundan ya mi casa solitaria,

y otra vez las palabras quedaron desgarradas de su carne

como la misma muerte,

y volvieron de nuevo a su gran cementerio,

la gramática,

donde siempre ese verbo, llamaría,

es el condicional de un futuro probable:

tanto menos probable cuantas más condiciones

va cargando en la tierra la condición humana.

 

Dijo que llamaría

(pero no en este día:

llamaría otro día,

más allá de la noche,

más allá de este día tan largo que he vivido).

Dijo que llamaría,

y si no me mintió,

si en verdad llamaría y no se sabe cuándo,

sólo habrá que esperar a que pase este día

donde sigo viviendo

no se sabe hasta cuándo.

 

                                           (De La cuenta atrás, 2000)

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