Isla mía, palabra
con que se expresa el mundo,
¡cómo escucho tu cántico en las ramas
del pino renacido tras el fuego
de aquel triste verano!

Isla mía,
que guardas ya en tu vientre
los cuerpos de mis padres
hasta el día futuro,
hoy ya no tengo miedo de perderme
entre tus mil senderos de montaña.
Allí donde mi madre, con su amor siempre a cuestas,
no podía llegar para saberme vivo.
Hoy todo está presente ante sus ojos.

Hoy toda tú,
isla en medio del mundo,
jamás podrás perderte.

Y hoy ya no tengo ganas de marcharme,
isla mía,
en busca de escenarios y epicentros
de la comedia humana:
hoy sé que en tus caminos hay verdad suficiente
para saber de dónde y hasta dónde se extiende el Universo.

Hoy ya sé que,
subiendo tus laderas más frondosas
o sentado a la luz de tus orillas,
mi corazón jamás encontrará reposo
y es inútil buscarlo en otro sitio.

En tu cima más alta,
isla mía,
hoy pongo mis deseos.

(De Inédito, 2018)