…al atardecer nos visita el llanto;
por la mañana el júbilo.
Salmo 29

¿Por qué en las tardes nos visita el llanto?
¿Seguirán siendo así todas las tardes?
¿Tan mal lo haremos siempre durante la jornada?
¿Tan vano es el consuelo de la noche que entra?,
¿tan débil su misterio?

Yo creo que una tarde le pasa a la otra tarde
su memoria: su poquedad, su nada,
su subsuelo; su anuncio de que es tarde
para alcanzar el triunfo, de que algo
tuvo que haber fallado, de que es tarde
para empezar siquiera, para empezar
a ser lo que quisimos.

¿Y es la noche un engaño?,
¿un tiempo comprimido de promesas?,
¿un sueño siempre igual, un tiempo nulo?
¡Qué larga es esta tarde,
qué condensada sale nuestra vida
en su perfume viejo, en su cansancio!
¡Qué hablador su silencio, qué aburrido
su bullicio salvaje, su rumor de semáforos!

¿Será verdad que en la mañana el júbilo
volverá a nuestra casa, ahora que es tan tarde,
que parece imposible –¡ésta va la vencida!–
cambiar de dirección y de sentido?

(De Este amor y este fuego, 2011)