Esta tarde quisiera hablar contigo,
aunque tú sabes bien que, en cuanto llegues,
ya no tendré ni temas ni argumentos
que defender contigo o ante ti.
¿Por qué siempre el deseo tiene que tener tema,
por qué siempre en un viaje hay que tener destino,
por qué siempre una tarde o una vida
han de tener un plazo y una meta
que hayamos de cumplir?

Buscar, buscar, buscar… Y aquel que encuentra,
como yo te he encontrado, ¿por qué no reconoce
que en su encuentro no caben más preguntas,
que un cigarrillo, un vino o una playa
no son más que pretextos de ese texto sagrado
que todo lo ilumina con su pura presencia?

Esta tarde he hablado porque no estás conmigo.
Cuando vengas, bienvenido tu cuerpo,
bienvenida tu sangre, bienvenido el silencio
de tu sabiduría.

(De Nueva estación, 2007)