Cuando te sientas triste, pon un poco de música:
pon un poco de ritmo a tu dolor más hondo,
siente en tu carne el dulce movimiento
que atraviesa tu vida, la mía, la del mundo,
hasta que nuestra vida ya sólo sea el ritmo
de un recuerdo que fue, que pudo ser y seaun ritmo muy hermoso, pese a tantas
cosas, esas cosas, se sabe...

Oye a Chabuca Granda desde un país oscuro,
déjale que te cuente y que te cante
la gloria de unas flores
que al fin son el recuerdo de todo lo buscado
y no encontrado nunca, salvo el ritmo
de esas flores que, airosas, caminan todavía.

Olvida la tristeza y sus motivos,
comprende que la vida es cuestión del compás
con que se cante siempre su secreto:
cántalo más hermoso mientras te sea posible,
que el final del cantar no es cosa nuestra.

(De Nueva Estación, 2007)