Hoy duele más la espera,
hoy duele más que nunca su brisa pegajosa.
Le duele a todo el mundo:
mira cómo la rosas son hoy rosas cerradas,
escúchale a la tarde gritar mientras se agrieta
en medio del silencio de los hombres,
que ahorramos ya la última saliva.
Y en esta tarde ya no caben sueños,
porque para soñar hace falta una luz, un color diáfano
que dé tonalidad al horizonte
y así soñar las puertas,
las puertas más lejanas
que ocultan los tesoros de la vista:
esas puertas enormes
a punto ya de abrirse
y de dejar pasar al otro mundo
donde todo es mirar, mirar, mirarte.
Pero hoy faltan la luz y sus colores,
el mundo es una siesta a media tarde
donde todos olvidan
el pasado, el presente y el futuro:
olvidan las caricias, los abrazos
tan lejanos al fin como la infancia;
olvidan las palabras, las promesas
sobre aquel pan aún tan necesario
y aquella agua tan fresca,
pues nada es tan difícil de olvidar como el hambre
cuando se está despierto,
pero aún es más difícil dormir para el que espera
y lo peor, sin duda, es esperar
cuando uno no ha nacido sino para esperarte.

(De La cuenta atrás, 2000)