Es absurdo que esperes al verano
para reconocer todos tus dones
y el gran don de la vida que se escapa.
Pensar que el sol dará luz a tu rostro
y que al fin te verás sin sombra de pecado
es pura ingenuidad o sucia hipocresía
y de ambas habrás de arrepentirte.
¿Piensas que bastarán tus sábanas calientes
y la brisa de un mar que te adormezca
para que el corazón encuentre calma
y combata el insomnio de este invierno agitado?
Esperar malviviendo con resignado gozo
que pasen estos días de tan ingrato esfuerzo
y veas cumplidos todos tus afanes
parece tan absurdo como ignorar la muerte,
que siempre asalta en medio del camino.
Tan absurdo como empeñar la vida
ahorrando crudamente para pagar el piso
de los hijos y el coche de los nietos,
como si ya con eso fueran a ser felices.
¿Crees que ese verano te brindará un amor
de tardes y de noches sin medida?
¿No crees que esta tarde de febrero,
en medio de una nieve inesperada,
un atasco infinito en la avenida,
una agenda repleta e imposible,
pudiera ser tu tarde más hermosa?

(De Nueva estación, 2009)