Y el hombre siempre clama por su infancia,
por su tierra de origen,
útero del que surge toda vida.
Aún recuerdo aquel charco de las niñas desnudas
aprendiendo a nadar.

¿Y qué le queda al hombre cuya infancia fue triste?
¿Qué tierra ha de buscar si un día pierde
su puesto de trabajo, su piso de alquiler
y sus ahorros?
Que mire hacia adelante y conquiste otro mundo,
que edifique otra casa y otros sueños.
Que se acuerde
de la mujer de Lot y que se olvide
de todo lo demás.
Pues si un día regresa a su tierra de origen
comprobará que nunca existió nada.

(De Este amor y este fuego, 2011)