No me atrevo a decir lo que veo,
porque es mucho mayor lo que no veo:
lo que somos tú yo, lo que retumba
en todos los rincones de esta casa
cuando tú entras en ella.

Y todo lo que anuncias
desde el negro charol de tus zapatos
hasta ese lacio fleco
que da más brillo aún a tu sonrisa.

Si yo sólo dijera lo que sé,
la tierna melodía del jilguero,
y no el origen ni el motivo
de su alegría eterna;
si yo sólo dijera
la libertad infinita de la ola
que ahora rompe en la playa,
y no el deseo hondo
por el que siempre muere y resucita…

Si yo sólo explicara
dónde te conocí, por qué te sigo
a donde tú me lleves;
por qué eres tú la única persona
con la que sueño y realidad se enlazan
en una eternidad que nunca he visto
pero que vivo a diario en nuestro lecho;

si yo te describiera…

sería un insensato; más aún:
un zafio, un mentiroso
que intentara ocultar el Universo
con injustas palabras.

(De un libro en preparación)