Yo tan sólo te pido una ilusión de vida,
la técnica que nunca podría yo inventarme
para creer que el agua aún lavará mi cuerpo,
que mi memoria es más que un almacén de nombres
y cadáveres diarios acumuladamente.
Una ilusión de vida, un remedo posible
de lo que un día creyera, unas manos tan sólo
provocándome el sueño de que existen los besos,
las caricias, por una tarde entera.

Una tarde ya es más que suficiente
para olvidar la imagen de tantos cementerios,
para soñar el sol del mediodía,
las olas de una noche en luna llena,
todo eso que jamás volveré a ver.
Una tarde, no más, porque una tarde
realmente soñada, realmente vivida,
tiene toda la fuerza necesaria
para creer de nuevo en otras tardes.

Sólo te pido el breve simulacro
de que tus ojos son los que me miran.
Después puedes marcharte, ser libre para siempre
si es ése tu deseo. Me basta que tus ojos
me miren una vez:
¿mirarnos una vez no es ya bastante
para creerse vivo?

(De Nueva estación, 2007)