Pasa la juventud como la vida,
que nadie la devuelve. Y lo peor
–o lo mejor, quién sabe– es no tener ni tiempo
para ver cómo ahora está pasando.
Yo la estoy viendo andar muy lentamente
cuando escribo estas líneas. Pero si a ti te miro
sólo te veo a ti, tal y como te viera
hace ya algunos años: si me engañas,
prefiero que me engañes.
Ama, ámame siempre a mí, y haz lo que quieras.

Pasa la juventud como la vida,
tal vez la única vida verdadera, como repiten muchos.
Y si alguien me pregunta en un futuro
cómo me fue la vida, diré sencillamente
que fue lo que tú fuiste, que a mí no me pregunten.
¿Qué calor en mi carne, qué fuerza hubo en mis brazos,
qué suavidad en mis labios, qué color en el rostro?
Que a mí no me pregunten:
nunca hacemos balance de lo que yo te doy o yo recibo.
Pasa la juventud: ¡por mí que pase
si la pasamos juntos!

(De Nueva estación, 2007)