© De la foto: Antonio Moreno

Para entonar la voz, para el poema,
hace falta que el hombre se encuentre en paz consigo:
que mire hacia el futuro y no vea nada
más que un camino ancho, con niebla si es posible.
Que escuche cuantas voces le reclamen
y entienda que no es fácil contestar de inmediato.
Que olvide su pasado totalmente,
porque de nada sirve la experiencia.
Que sepa que la música ya oída
nunca sonará igual que en esa noche
donde todo es posible. Que comprenda
que el tiempo no se sabe, que no hay plazo
para acabar su obra, y que no hay obra
que dure para siempre por sí misma.

Para entonar la voz, para el poema,
hace falta que el hombre no esté solo,
que encuentre siempre a alguien capaz de corregirle,
de pedirle que empiece nueva vida,
de exigirle
la vida por completo.

(De Este amor y este fuego, 2011)