Toda amistad que muere es un fracaso.
Y uno se va seguro, con su razón al hombro,
su terquedad perfecta y su honor limpio.
Cuando llega a su casa, al fin se siente libre,
pero ¿por qué parece más estrecha?
Cuando bebe su vino, le sabe un poco amargo.
Sus mantas están frías y es muy larga la noche.
El teléfono puede salvarlo del insomnio:
alguien habrá que escuche verdades como puños.
¿Quién no estará de acuerdo? Pero todos,
curiosamente todos, se han ido a cenar fuera,
y su verdad tan firme se siente al fin tan sola
que parece mentira.

Toda amistad que muere tiene siempre un motivo,
una razón de peso, una verdad sublime
que no puede dudarse, que oscurece
los lazos que nos unen, lo que somos.
Toda amistad que muere es un fracaso
de la verdad entera.

(De Nueva estación, 2007)