Tu rostro y sus mensajes,
solapándose siempre ‒en una sucesión
instantánea, infinita‒,
no puede ser materia de recuerdo.
Es noble la memoria, pero ¿adónde
has tenido que irte con tu cuerpo más leve?
Es noble la memoria: una vida que suple
a la vida real y la transforma
en vida deseada. ¡Siempre el mismo resorte
que tanto nos consuela
cuando todos se han ido!

Pero si yo te quiero,
no hay memoria ni imagen que valga lo que tú.
Te quiero con tu imagen y tu cuerpo
dándole realidad, luz verdadera:
mensaje y mensajero expresándolo todo.

Un mundo que me mira y me sostiene
dejándome habitarlo.

Un mundo que está aquí
o ya no existe.

(Inédito)