Dirán que fue rutina o una vulgar costumbre
de no ser muy feliz ni desdichado,
pero al menos yo sé que en mi camino
no encontraré jamás otra blancura
con todos los matices de tu cuerpo
y sus mil interiores resonancias.
Ellos piden amor, y amor le llaman
a cualquier conmoción que sea imprevista
y acalle con su ruido todo nombre
que nos haya tocado como herencia.
Un amor progresista que todo lo aniquile,
pues conservar y amar parecen ser contrarios
y todo amor, al fin, es siempre una ruptura,
un vivir en presente, sin pasado y futuro
que nos identifiquen (pues son sólo un engaño,
dicen ellos). Y seguirán diciendo
que sólo fue rutina o una vulgar costumbre
de hipotecar el cuerpo con el alma
lo que hasta hoy nos une tan hipócritamente.

Yo no sé del amor más que tu nombre
y todo aquello que tu nombre llama.
Yo no tengo argumentos contundentes
para justificar nuestra postura.
Yo no sé ni siquiera si aún te amo,
pues ya tanta blancura no llega a emocionarme.
Sólo sé que en tu piel veo la mía
(¡qué sucia se ve a veces!),
sólo sé que te amé y que quiero amarte:
¿amarte ya una vez no es suficiente?,
¿tan poco significa nuestra vida?
¿Querer amarte más acaso es menos
que cualquier otro amor que no se quiere?

(Del libro Nueva estación, 2007)