Cuando en la vida personal todas las acciones están encaminadas al cumplimiento de otras acciones, y no a la perfección del propio ser, la persona pierde su carácter de totalidad, de fin en sí misma. Entonces se convierte en puro engranaje de un mecanismo destinado al funcionamiento de un sistema socioeconómico impuesto desde fuera, movido por unos intereses externos que nada tienen que ver con el bien de la persona.

Es lo que impulsa a muchos de nuestros amigos y conocidos cuando dicen una frase tan común en nuestros días como «Ahora tengo que cuidarme», significando con ello que hasta ahora no habían prestado atención a su propio ser, sino al hacer mecánico e ininterrumpido. Lo cierto es que cada uno tiene que cuidarse en todo momento, sin que haya ninguna actividad –por muy noble que parezca– que pueda dispensarle de ese cuidado primordial.

(De Tiempo mío, tiempo nuestro, 2021)