Cuando una persona es consciente de que los días no pasan porque tienen que pasar, sino que pasan para desarrollar su personalidad y para que ésta dé forma a todo su ser, entonces cae en la cuenta de que el tiempo físico no es un torrente ciego hacia la nada. Todo lo contrario: un camino ascendente hacia la consumación del propio ser.

Para que sea posible tal respuesta creativa a la vivencia dramática del tiempo, se hace necesario convertir el tiempo físico en tiempo interior. Esto implica que cada día, cada hora, he de absorber conscientemente el tiempo físico infundiendo en él la forma y el ritmo adecuados para confeccionar de modo creativo la persona que quiero ser.

(De Tiempo mío, tiempo nuestro, 2021)