Por no pensar en mí desde hace tiempo
voy perdiendo la vida y los poemas
que pude haber escrito. Por no pensar lo triste
que es mi vida, me lleno de alegría
y ahora dudo cuál es la verdadera,
cuál el camino cierto, el yo profundo,
el espejo más nítido para reconocerme:
si soy este almacén de restos de un chaval
que un día prometió ser todo un personaje
y que el mundo (y yo mismo) fue jodiendo a pedazos,
o bien soy este fuego que quema cada día
mis fragmentos podridos y te envuelve
con su insistente llama, te quita todo el frío,
vuelve a encenderse entero con cada beso tuyo,
se consume y se olvida
de la mierda que era.

(De Nueva estación, 2007)