En la Universidad
se acaba el universo
en la Universidad.
Y el hombre de la calle,
el que trabaja para no morirse,
el que imagina un cielo despejado
para sus quince días de permiso;
el que come su pan a horas contadas,
el que teje el poema de su vida
para que otros lo estudien analíticamente,
el que inventa un amor que pudiera ser cierto
arrancándole al día unos minutos libres;
el hombre, el hombre vivo en su pobreza,
el hombre en cuerpo y sangre,
es una masa demasiado informe
para el perfecto mundo de las aulas,
es un tema carente de prestigio
para la letra impresa
que sólo leerán los que la escriben
y conocen la lengua de la verdad más digna,
que no es precisamente la lengua del poeta,
hombre de malvivir y sin criterio,
que no investiga ni publica nada
más que la mierda de su propia vida.

En la Universidad
se acaba el universo
en la Universidad.
Y todo el universo daría asco
si Cristo no promete que los últimos
tendrán el primer puesto allá en su reino,
y que aun en este mundo delirante
la basura de hoy, el hombre vivo,
mañana será el tema, por desgracia o fortuna,
de ese universo inmenso que se acaba
en la Universidad.

(De Nueva estación, 2007)