A Juan de Rodrigo

Juan espera la dicha en la manzana
que se ha llevado a clase,
una manzana roja que ostenta su dominio
pegada a la carpeta;
una manzana roja
que alumbra las esquinas de las calles
que aún gimen del dolor de esta inconmensurable
madrugada;
una manzana roja que tal vez marque el rumbo,
no el rumbo previsible de las clases de Cálculo y de
Álgebra,
sino el rumbo soñado de una mañana nueva
donde todos los rayos del sol,
enamorado,
se consuman de hambre e iluminen de lleno,
con un ansia de siglos,
esta manzana roja
que Juan va a devorar dentro de un rato
con más hambre que nunca.

(De La cuenta atrás, 2000)