Yo canto lo que tengo por miedo a que lo pierda,
a que una brisa suave, involuntariamente,
nos vaya erosionando los cuerpos y las almas
enlazados ahora por el mismo misterio
que nos trajo a la vida:
¡alma y cuerpo fundidos en la misma persona!
Y dos almas, dos cuerpos, dos personas fundidas
en una misma esquina de la noche,
bajo una misma luna acariciados,
¿no es el mayor milagro que pueda celebrarse?

Y por eso yo canto: por haberte ganado
y haber ganado todo en este instante justo.
Canto porque he perdido la memoria,
por no poder contarte mis pasadas desdichas
si alguna vez las tuve,
por no poder mirar hacia el futuro
ni imaginarme nada que no sea verte ahora
tal como te estoy viendo.

Y por eso yo canto:
porque cantar, al fin, es no hacer nada,
no buscar, no pensar, no desplazarse.

Canto porque cantar me quita el miedo
a que un día te pierdas y pierda yo la voz
para cantarte.

(De Años de prórroga, 2005)