En el taller interno de este mundo,
donde suena el teléfono de golpe
y desbarata todos mis proyectos
una jornada y otra. Aquí, donde un buen libro
nunca respira al ritmo de mi vida,
nunca tiene un capítulo que encaje
en los pequeños huecos de mi agenda.
Donde es rara la tarde en que vislumbro
el hilo en que se anudan mis trabajos
con todos los trabajos de los hombres.

Aquí,
en un rincón sin nombre
de los más bajos sótanos del mundo,
donde voy escribiendo un día y otro,
palabra por palabra,
este poema.

Aquí,
con cada martillazo sobre este viejo yunque,
voy forjando las piezas de un mundo inacabado,
de un mundo que no veo,
pero que es tuyo y mío y es de todos,
y que sólo contempla terminado
el Dios de toda gloria.

(De El paisaje total, 2014)