Los días siempre acaban peor que como empiezan
y hay algunos que acaban de milagro.
Por eso es que buscamos la magia de la noche,
palpar todos los cuerpos visibles e invisibles
borrados de la luz
que todo lo ilumina y discrimina.
La noche no es el fin ni es el comienzo:
simplemente una huida, un margen necesario,
un atajo accesible para encontrar la muerte deseada;
tal vez una mentira
cuando ya la verdad no se soporta.
De noche, cuando escribo, cuando amo,
tal vez esté mintiendo, pero lo necesito:
de otra forma no puedo, ¡quién pudiera!,
esperar la verdad de otra mañana.

(De Este amor y este fuego, 2011)