Me han preguntado hoy si el mundo es bueno
y aún no sé qué decir.
Yo sé que Dios es bueno,
yo lo oigo cantar muchas mañanas,
pero nunca lo he visto.
También sé que las rosas son hermosas,
gustosa el agua clara
los días de excursión por el arroyo,
pero ¡qué pronto corre por mi cuerpo!:
debe de parecerle un cuerpo extraño;
como extraña es mi casa, en que las rosas
se mueren de hermosura al día siguiente.
¿Qué debo yo tener dentro del pecho,
qué sangre es la que corre por mis manos,
que todo lo que es bueno o es hermoso
se me muere después de una caricia?
Y yo, que cada día
voy recorriendo tantas sepulturas
donde yacen los cuerpos más queridos
y voy cavando tantas fosas nuevas
por cada beso nuevo en que me embriago;
yo, que no he muerto aún
y no sé a dónde vuelan las palomas
que encuentro en el camino,
no sé si ya este mundo,
este pequeño mundo que me queda,
guarda alguna bondad en sus entrañas,
alguna rosa oculta que me espere
después de tanto tiempo.

(De Años de prórroga, 2005)