Sólo pensar en ti, sólo tu pulso
como señal de vida:
dejar embarrancarme por tus manos
sin saber hasta cuándo podremos ver la luz.
La luz conmigo mismo, a solas,
sólo alumbra miserias de mí mismo;
tal vez la realidad, pero es horrible:
es mejor abrazarnos, aunque a oscuras.

Yo he buscado mi cauce en este mundo,
un cauce a mi medida y a mi ritmo,
pero no lo he encontrado:
sólo tierra
que siempre se resiste a mis deseos;
deseos que en sí mismos no son nada,
ni palabras siquiera,
fantasmas nada más,
fantasmas aunque duelen.

Yo he buscado mi cauce en este mundo
y te he encontrado a ti con tus mareas,
tus vientos imprevistos, tus eclipses:
un mundo muy distinto, desde luego,
pero muy de verdad y muy palpable.
No conozco tu rumbo, pero tienes
la fuerza suficiente para tirar de mí,
para llevarme a algún lugar preciso
donde, por fin, la tierra pueda ser
algo más que un deseo.

(De Este amor y este fuego, 2011)