Si conocieras el don de Dios…

                                                                                               Jn 4, 10

Si tuvieras el don que yo poseo,
tú que eres
más hábil que el relámpago,
que conoces la luz de cada estrella
en todas las ciudades,
y ves en las miradas larguísimas historias
que nadie contaría, que no puede,
que no encuentra palabras,
y convences al ebrio de que su vida aún
puede ser más hermosa,
y al sordo le transmites tu música callada,
y al pobre, al peregrino,
le enseñas un camino despejado
para que halle refugio y recomponga
los huesos destrozados por la vida...

Si tuvieras el don que no merezco,
que tanto he malgastado vulgarmente,
si comieras el cuerpo y bebieras la sangre
de aquél que es el camino, la verdad y la vida,
tú lo tendrías todo:
podrías olvidarme,
verías que mi don no es nada mío
y yo habría de ir a ti para encontrarlo.

(De Nueva estación, 2007)