Poema del mes

Y yo, a quien tú amas con una fe atrevida,
pasaré de este mundo
como la inmensa hoguera que nos alumbra ahora
y en humo se deshace sin quererlo;
sólo que yo, al marcharme,
no podré dejar señas de estos días reales, realísimos,
pues alma y cuerpo, juntos, dejarán de pisar donde tú pises
y todo lo demás serán recuerdos,
recuerdos que te inventes sobre una gran mentira
de lo que soy o he sido
y que sólo te harán perder el tiempo de tus días futuros
en esta tierra ancha y duradera.

Por eso te lo advierto en este día
donde los dos aún estamos juntos
y tan sólo quisiéramos
ver juntos el final de las dos vidas
−de esta única vida que hoy vivimos−,
si es que el final llegara en nuestro caso.

Y por eso te advierto, por más que sea increíble aquí y ahora,
que estás perdiendo el tiempo en un destino
que quisieras eterno, como si no supieras
que tú y yo no podemos prolongar ni un instante.

Y por eso te advierto honradamente
que estás perdiendo el tiempo aquí, conmigo,
por mucho que me agrade aquí, contigo,
perder también, al fin, todo mi tiempo.

(De Años de prórroga, 2005)