Poema del mes

Me llama mi sobrina:
que le han robado el coche,
llegó tarde al examen y encima la suspenden.
Que eso le importa poco, dice,
siempre que llegas tarde te suspenden
y no valen excusas,
tendrá que llegar pronto el curso próximo,
la solución es clara.

Pero le importa el coche,
el viejo cochecito para sus veinte años,
que aparcó donde siempre,
es increíble, con lo viejo que estaba.
Se lo compró su padre ya de segunda mano,
para que lo cuidara porque ya nunca iba
a comprarle otro coche, 
ése era su problema, como todos
los problemas futuros.

La pobrecita, que no busca consuelo
ahora que me llamaba, al menos eso ha dicho.
Vivo a dos mil kilómetros
¿y qué voy a saber de dónde está su coche, 
si no lo sabe ella?
Ella sabe que yo no voy a arreglar nada,
pregunta si es normal que le roben el coche
con lo viejo que es y lo lejos que vive
de la Universidad.
Yo le digo que ponga una denuncia
y un poco de paciencia, 
que de ahora en adelante normal no es casi nada,
que no se desespere.

Yo no sé si me entiende, pero me da las gracias
y volverá a llamarme, con su coche o sin él,
que ya le importa poco, dice,
que ya me contará otras cosas extrañas
que le vayan pasando. 

Seguro que mañana me volverá a llamar,
y yo no podré darle ninguna explicación.

Y me dará las gracias como quien lo da todo.

(De Nueva estación, 2007)