Poema del mes

Razón, sí, con amor; alma con cuerpo:
espanta el pensar puro como un monstruo 
que sigue devorándonos después de varios siglos.
Por el pensar, contra el pensar son todas las catástrofes
(las muertes sin amor de los enamorados,
las muertes razonadas por el odio;
la libertad, qué horror, sólo pensada
o bien sólo sentida, mientras el hombre muere
desgarrado por mano de ambos monstruos
tanto más inhumanos en tanto que más libres).

Amor, sí, con razón; forma y sentido:
¡fuera ya la lujuria de las formas,
espejismos crueles! Ven conmigo, mi amor:
bésame a mí, no beses mi cadáver;
yo besaré tu pecho entero y vivo,
tu pecho con tu nombre transparente
que a través de tu carne te ilumina.

Ven conmigo, mi amor, ven cuanto antes:
yo besaré en tu cuerpo mi ley y mi destino.
La ley pensada mata, el destino en abstracto 
me horroriza, más que la misma muerte.
Sólo ante la presencia de tu cuerpo extendido
sabré que la verdad puede tocarse
y puede conocerse, y no puede agotarse
en un golpe de vista; y que no tiene fondo,
como no tienen fondo las mareas 
que escondes en tu cuerpo ilimitado,
tu cuerpo que no acaba de extenderse. 

Palabra, sí, palabra y pensamiento:
¡fuera la dictadura del lenguaje,
fuera los nombres falsos de tu rostro,
fuera los rostros falsos sin un nombre!
Se van de la memoria los placeres
que nunca conocimos a conciencia.
Pesan en la memoria como un fardo
los mil conocimientos que aprendimos
sin haberlos amado en absoluto.
¡Fuera lo que nos pesa y nos aplasta,
fuera ya lo que un día habrá de irse!
Ven conmigo, mi amor, alma con cuerpo;
ven a enseñarme tu verdad encarnada.

(De Nueva estación, 2007)