Poema del mes

Nada se pierde: surgen los recuerdos
más vivos cada día. 
Hoy me acaricia mucho más que entonces
el continuo jugar y sonreír de mi sobrino Sabas,
que apenas me dejó tomar el sol
aquel verano limpio de su niñez.

Hoy me sonríe mucho más que entonces
y lo veo
en su niñez eterna, en su memoria.

La memoria del mar nunca se pierde,
y en el mar revive 
más pura cada día.

Los días no se pierden: desembocan
en un día más ancho, en este día
que no tiene final. Todos tus besos
se encienden en mi carne.

En mi memoria vives cada día
una vida mayor. 

(De El corazón y el mar, 2020)